Home / Salto del Tequendama

El más famoso héroe de los Chibchas fue el sabio Bochica. Un día desapareció por donde sale el sol, dejando la huella de su pié marcada en una inmensa roca.

Años después, hubo una terrible inundación que destruyó pueblos y mató mucha gente. Los Muiscas imploraron a Bochica y éste apareció sobre el arco iris.

Con su cetro de oro, golpeó las rocas partiéndolas en medio de un gran estruendo. El agua, que formaba ya un lago en la sabana, salió violentamente formando una gigantesca cascada de espuma blanca. Así Bochica creó el salto de Tequendama. ¿Quién fue el culpable de la destructora inundación? Huitaca, la hermosa y malvada mujer, o el Dios Chibchacum, protector de los agricultores. Bochica los castigó a ambos. A ella, la convirtió en lechuza y a él lo obligó a cargar la tierra sobre sus hombros. Por eso, cada vez que se cansa y la cambia de hombro hay temblores.

Tras recorrer más de 100 km por el altiplano cundiboyacense y la sabana de Bogotá, el río Bogotá cae desde una altura de 2.467 metros sobre el nivel del mar aproximadamente unos 157 metros de altitud sobre un abismo rocoso de forma circular formando la cascada. Que se halla en una región boscosa de neblina permanente. Administrativamente pertenece al municipio de soacha. Parte de sus aguas, también son alimentadas por el rebose de la Represa del Muña.

Al borde del inmenso abismo rocoso que compone el Salto del Tequendama, una cascada de 157 metros de altura que está a solo 30 kilómetros al suroeste de Bogotá, resurge una de las construcciones colombianas más icónicas del siglo XX.

Un decidido plan liderado desde el 2010 por la Fundación Granja Ecológica El Porvenir (GEP) le ha devuelto la vida a la histórica casona del Salto del Tequendama, una ‘joya’ de arquitectura francesa edificada entre 1923 y 1927 por orden del entonces presidente de Colombia Pedro Nel Ospina.

Esta construcción, de 1.470 metros cuadrados y estilo republicano, fue utilizada en sus primeros años como estación terminal del ferrocarril del sur. Posteriormente, sirvió como punto de encuentro de la alta sociedad bogotana y en la década del 50 se convirtió en un hotel.

La grave contaminación del río, sumada al presunto daño que provocaron las hidroeléctricas en el medio ambiente y el olvidado estatal, condujeron a la casona del Salto del Tequendama a la decadencia, según explicó la directora de la fundación El Porvenir, María Victoria Blanco.

Esta veterinaria bogotana  contó  que su organización trabaja en la recuperación del ecosistema de esa zona del departamento de Cundinamarca desde 1996, pero fue hasta hace cinco años cuando le pudieron comprar la casona a Roberto Arias Pérez, fundador de Colsubsidio.

Fue el empresario quien se contactó con la fundación luego de leer un artículo de prensa sobre una serie de actividades de recuperación ambiental que realizaron entre el 2008 y 2009. Luego de las negociaciones y conseguir un préstamo para realizar la inversión, El Porvenir adquirió la propiedad en un monto que hasta ahora no ha sido revelado. 

Blanco describió que el inmueble estaba en un estado realmente crítico, ya que llevaba varios años abandonado. Tristemente, solo quedaba el recuerdo de las crónicas rojas del periodista Felipe González Toledo sobre los supuestos suicidas que pasaban la noche en el hotel y al día siguiente se lanzaban al abismo.

“Lo primero que logramos hacer con recursos propios fueron obras de primeros auxilios que se hicieron entre el año 2010 y el 2014”, precisó la nueva dueña de la casona, quien explicó que hubo que realizar un reforzamiento estructural y volver a construir los pisos de los sótanos, las escaleras, entre otras estructuras que estaban prácticamente destruidas.

La encargada de la edificación precisó que “había un problema de humedad muy fuerte”, ya que “llovía más adentro que afuera”. Para colmo de males, la mayor parte de la casona está elaborada en madera, por lo cual casi colapsa toda la estructura.

Sin embargo, esta difícil situación fue superada gracias al apoyo de la Unión Europea que, a través de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) y otras entidades de Francia, destinó $300.000 euros (unos $990 millones) para la renovación estructural del sitio y el diseño de actividades culturales para promover el cuidado de la riqueza natural que lo rodea.

Y es que el bosque de niebla que caracteriza a ese territorio es hogar de un sinnúmero de especies vegetales y animales, entre ellas destacan osos, buhos y aves multicolor, explicó Blanco, y precisó que para la reforestación del entorno la fundación ha destinado unos $40 millones.

María Victoria Blanco destaca el valor histórico de la casona, pero es enfática al señalar quela mayor riqueza de ese territorio es la naturaleza. Por ello lucha por el reconocimiento del Salto de Tequendama como un patrimonio natural y cultural para la nación ante las autoridades competentes que, según ella, no han acogido un pronunciamiento que emitió el Consejo de Estado a su favor hace un año.

La casona del Salto de Tequendama dejó atrás sus fantasmas para dar paso a la cultura y la ciencia. Exposiciones sobre el desierto de la Tatacoa en el departamento del Huila, las cavernas, la anatomía del cuerpo humano o las mariposas de la Orinoquía, son algunas de las representaciones con las que El Porvenir quiere contrarrestar las historias fantásticas que “le han hecho mal al sitio”.

Así lo afirmó la directora de la organización al hablar acerca del incendio y los actos vandálicos que ha sufrido la casona por cuenta de los supersticiosos que se dejan llevar por los relatos populares sobre fantasmas y otras ocurrencias.

Blanco ha querido cambiar la página del sitio y reforzar el proceso cultural para que más personas se animen a conocer la casona, que es visitada por unas 2.000 personas al mes (solo abren los fines de semana).

A pesar de los avances en materia de recuperación del inmueble y el ecosistema, aún hay que seguir trabajando para garantizar que este místico paisaje se conserve para las siguientes generaciones. Una de las barreras es el tema económico, ya que los recursos con los que cuenta GEP son muy escasos. 

Los gastos operativos de la casa-museo se calculan en unos $12 millones mensuales, un monto que contrasta con los bajos ingresos que reciben (la entrada cuesta apenas $4.000). De hecho, los encargados del sitio han tenido que valerse de asesorías externas en materia ambiental y agropecuaria para poder costear algunas de las necesidades de este sitio que se niega a quedar en el olvido.

})(jQuery)