Home / Restaurantes  / Los Mejores Restaurantes de Bogota Según Lonely Planet

Los Mejores Restaurantes de Bogotá

La nueva cocina colombiana trata de encontrar su sitio en el mundo a través de un estilo propio, centrado en los productos autóctonos, reinventando las recetas tradicionales y buscando el equilibrio entre tradición e innovación. Poco a poco, los chefs colombianos comienzan a aparecer en los rankings gastronómicos internacionales, como demuestran tres referencias imprescindibles en la capital.

Criterion destaca siempre entre los mejores restaurante Latinoamérica y está considerado el mejor del país. Al frente dos chefs, los hermanos Rausch, referencia culinaria para la nueva cocina colombiana y creadores de otros locales como Bistronomy, en Bogotá, o Marea, en Cartagena. El emblemático Criteion (Calle 69 A # 5 – 75, Zona G, Bogotá; + 57 1 3101377) tiene un inconfundible toque francés, al que se añaden otras influencias internacionales contemporáneas.

También aparece entre los top internacionales el restaurante de Harry Sasson, uno de los grandes chefs nacionales que, desde que abrió su primer local en 1995, no ha dejado de cosechar éxitos, arriesgando con platos creativos. Su restaurante, uno de los más bonitos de la ciudad, se aloja en una mansión de los años treinta en el barrio bogotano de El Nogal (Carrera 9 # 75-70; +57 1 3477155), zona que ha revolucionado el estilo de la capital colombiana.

Esta mini trilogía culmina visitando El cielo, otro de los grandes restaurante colombianos: una experiencia culinaria, de principio a fin, a través de su menú de degustación. El joven chef Juan Manuel Barrientos juega con los cinco sentidos del comensal –tacto, olfato, gusto, vista e incluso el oído– y presenta de forma espectacular sus platos de gastronomía molecular, como auténticas obras de arte, llenas de color. Barrientos, que ha recibido numerosos reconocimientos internacionales por su talento y creatividad, investiga en colaboración con expertos en neurociencia para descifrar cómo satisfacer los deseos más profundos de las personas a través de los fogones.

Leonor (Leo) Espinosa es una de las artífices de la renovada imagen de la cocina colombiana (y del país sudamericano), así como una de las estrellas gastronómicas y televisiva más queridas del país. Ha explorado la tradición regional colombiana para crear recetas tan innovadoras como el atún sellado en polvo de hormigas culonas, uno de los platos más representativos de su restauranteLEO, en Bogotá (Calle 27 #6-75; +57 1 2838659). Además, Espinosa inauguró en 2014 una propuesta de cocina más informal, MISIA, que cuenta ya con dos sedes en Bogotá, desde las que promueve los sabores de la cocina colombiana, haciendo un homenaje a la comida que se vende en los piqueteaderos (tradicionales restaurantes de campo), plazas públicas y refresquerías.

La propuesta culinaria de Espinosa, bautizada como Ciclo-Bioma, y desarrollada junto a su hija, la somelier Laura Hernández-Espinosa, está basada en el estudio periódico de los diferentes biomas y ecosistemas colombianos, gracias al apoyo de biólogos, productores y cultivadores. A partir de una investigación sobre las especies susceptibles de ser usadas en la cocina, el resultado es un menú que, a partir de productos locales, recrea sabores ancestrales de la gastronomía colombiana.

Bogotá está en plena transformación –no solo en el plano gastronómico–, aunque a los viajeros les cuesta ir más allá de La Candelaria, el empedrado centro histórico, lleno de edificios coloniales, museos, restaurantes, hoteles y bares distribuidos ente casas, iglesias y conventos con unos 300 años de antigüedad. Para sentarse en algunas de las mejores mesas de la ciudad y comprobar hacia dónde se mueven ahora los bogotanos, hay que salir de este área de confort. Una visita casi obligada es el surrealista y legendario Andrés Carne de Res, en Chía (Calle 3 N°11ª-56; +57 1 8637880), un divertido steak house a unos 40 minutos del centro de Bogotá.

No se parece a ningún otro sitio del mundo, ni por el tamaño ni por la decoración, a base de objetos religiosos, máscaras y detalles artísticos de lo más extraño. Podría describirse como una suma, a partes iguales, de Tim Burton, Disneylandia y Willi Wonks, más un toque kitsch de cacharrería y espectáculo de feria. Un turista sueco lo definió como “cenar en una lavadora”. Sea lo que sea, deslumbra a todo el mundo con su alegre ambiente, sus fabulosos bistecs –el menú es una revista de ¡0 páginas! – y su variopinto y surrealista interiorismo. La experiencia, más que una comida, es un desenfrenado espectáculo nocturno.

Andrés Carne de Res es como una pequeña ciudad del tamaño de cuatro campos de fútbol, donde además del restaurante hay campo de juegos, un estudio de baile y hasta una zona de talleres donde se fabrican gran parte de los muebles y la vajilla del restaurante. Tiene capacidad para más de mil comensales a los que se suman otros mil que cantan y beben entre las mesas. Más cerca de la ciudad hay otro restaurante del mismo propietario, Andrés DC, pero no tiene el loco encanto del comedor de Chía.

Como La Candelaria, Usaquén es uno de los pocos barrios de Bogotá que mantiene aires coloniales. En los últimos años se ha convertido en un imán para los colombianos con tiempo y presupuesto para disfrutar buenos restaurantes y tomar después unas copas.

Abasto (Carrera 6 # 119b-52; +57 1 2151286), uno de los locales de moda en Bogotá, fue uno de los pioneros en Usaquen, abierto justo antes de que la zona comenzara a transformarse. Merece la pena peregrinar hasta el barrio, aunque sea simplemente para disfrutar de sus creativos desayunos, platos y postres en un ambiente rústico. Dicen que sus migas (huevos revueltos con trozos de arepas y hogao) son las mejores, acompañadas con café de cultivo ecológico. Se pida lo que se pida, debe sazonarse con un poco de Wai Ya, una potente pimienta.

La propuesta de la nueva Bodega de Abasto (Calle 120A # 3a-05 bodega; +57 1 620 5262) es similar, pero más centrada en productos para foodies y almuerzos más sencillos, como pollo de granja asado. Aquí se pueden comprar los ingredientes indígenas colombianos que utilizan en su cocina comprometida con la biodiversidad natural del país, una especie de mercado campesino que vende vegetales orgánicos, plantas aromáticas, quesos frescos, pan y todo tipo de productos hechos allí.

Review overview
NO COMMENTS

POST A COMMENT